
Esa casa que habitas
guarda melancolía
y su muro infranqueable
impide pasar la alegría.
Tu escudo no deja más
que una losa fría
donde llego cansada
a terminar los días.
Y de tanto intentar
ha de llegar el día
que no regresé ya
a tu casa vacía.

©Maureen Andrea Addison-Smith Salvo
Etiquetas: poesia
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